Cartas de Simón bolívar a Manuela

 Cartas de Simón bolívar a Manuela 

Cartas de Manuela a Bolívar


Quiero contestarte, bellísima Manuela, a tus requerimientos de amor que son muy justos.

Pero he de ser sincero para quien, como tú, todo me lo ha dado. Antes no hubo ilusión,

no porque no te amara Manuela y es tiempo de que sepas que antes amé a otra con singular pasión de juventud, que por respeto nunca nombro. No esquivo tus llamados, que me son caros a mis deseos y a mi pasión. Solo reflexiono y te doy un tiempo a ti, pues tus palabras me obligan a regresar a ti; porque sé que esta es mi época de amarte y de amarnos mutuamente. 

Solo quiero tiempo para acostumbrarme, pues la vida militar no es fácil ni fácil retirarse. Qué debo brindarte: ¿un encuentro vivo acaso? Permíteme estar seguro de mí, de ti y verás querida amiga quién es Bolívar al que tú admiras. No podría mentirte. 

¡Nunca miento! Que es loca mi pasión por ti, lo sabes. 

Aquí hay de vivaz todo un hechizo de la hermosa naturaleza. Todo invita a cantar, a retozar; en fin, a vivir aquí. Este ambiente, con su aire cálido y delicioso, trae la emoción vibrante del olor del guarapo que llega fresco del trapiche, y me hace experimentar mil sensaciones almibaradas. Yo me digo: este suelo merece recibir las pisadas de S.E. El bosque y la alameda de entrada al Garzal, mojados por el rocío nocturno, acompañarían su llegada de usted, evocando la nostalgia de su amada Caracas. Los prados, la huerta y el jardín que está por todas partes, servirán de inspiración fulgurante a su amor de usted, por estar S.E. dedicado casi exclusivamente a la guerra.  

Las laderas y campos brotando flores y gramíneas silvestres, que son un regalo a la vista y encantamiento del alma. La casa grande invita al reposo, la meditación y la lectura, por lo estático de su estancia. El comedor, que se inunda de luz a través de los ventanales, acoge a todos con alegría; y los dormitorios reverentes al descanso, como que ruegan por saturarse de amor… Los bajíos a las riberas del Garzal hacen un coloquio para desnudar los cuerpos y mojarlos sumergidos en un baño venusiano; acompañado del susurro de los guaduales próximos y del canto de pericos y loros espantados por su propio nerviosismo. Le digo yo, que ansío de la presencia de usted aquí. 

Toda esta pintura es de mi invención; así que ruego a usted que perdone mis desvaríos por mi ansiedad de usted y de verlo presente, disfrutando de todo esto que es tan hermoso. Suya de corazón y de alma, Manuela.


Texto: extraído de la página de Ministerio de Educación Venezuela:
 
https://www.mppe.gob.ve/media/filer_public/d5/ae/d5ae7d8b-64c2-4c18-8903-6469b6c67063/simon_bolivar_-_de_padre_a_hijo_-_anexos.pdf



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